viernes, 14 de diciembre de 2018

Evangelio Ciclo "C" / TIEMPO DE ADVIENTO.

Dios quiere venir a tu vida, una vida sin mirar al pasado para hacerla mejor en el hoy y en tu mañana. No se lo impidas y deja que Él escriba en ti su palabra que otros puedan ver al mirar tu vida.

Los cristianos comenzamos un año nuevo litúrgico con el tiempo de Adviento, cuatro semanas en las que la Iglesia vive la preparación espiritual con sus hijos e hijas que desean con gozo festejar la venida del Hijo de Dios en el tiempo de Navidad.

Además de un tiempo, el Adviento es la actitud espiritual de toda una vida de aquellos creyentes que esperan y buscan a Dios, deseando alcanzar el poder estar definitivamente en la presencia de Dios.

Desde antiguo los profetas, como mensajeros de Dios, anuncian la llegada del Mesías que traerá la implantación del reino de Dios tan añorado para quienes viven la persecución, las guerras, el hambre, las injusticias..., como consecuencia de una humanidad que se ha olvidado de Dios.

La oración del pueblo de Dios es incesante y en un mismo sentir: "¡Ven, Señor!". En la noche en la que el mundo se siente envuelto en la oscuridad por la falta de fe y por las acciones que son contrarias a los deseos de Dios, somos muchos los que esperamos esa venida que se nos ha prometido y se nos ha anunciado. 

Mientras llega, sentimos la luz de la fe que recibimos en nuestro bautismo y que alimentamos con la escucha de la Palabra del Señor y con los sacramentos que nos fortalecen y nos sanan. Dios ya está viniendo, y, aunque tarde, la fe nos hace ser perseverantes y fieles, con la paciencia que nos da la esperanza.

Un mundo nuevo esperamos cuando sea destruido el anterior, descrito con un lenguaje apocalíptico en algunos textos sagrados; un mundo nuevo aguardamos en donde Dios sea el fundamento de cada hombre y de cada mujer en lo más profundo de su ser y de su corazón, donde el amor, la justicia y la paz se sientan por todos los rincones. ¿Una utopía, un sueño fantástico pero inalcanzable? Tal vez para muchos sea un imposible, pero la fe nos hace desearlo y nos motiva a poner de nuestra parte, allanando y facilitando el camino al Señor, haciendo posible la construcción de ese Reino en el aquí y en el ahora que nos ha tocado vivir.

Prueba de que el Reino está viniendo es que hay también en nuestro tiempo muchos profetas, que tal vez no tienen la fama de salir en los medios de comunicación social, pero que con su anuncio de palabra y con sus obras de vida y de misión nos hacen percibir que ni Dios está lejos ni calla. Sigue habiendo profetas que hablan por aquellos a los que les han tapado la boca, que trabajan muchas veces en lo oculto por el bien de los más débiles y de los más necesitados, que ponen paz allí donde están, que protestan contra las injusticias... Y tú, si no lo eres, tal vez sea porque se te ha olvidado que por el bautismo también te convertiste en un profeta y que Dios te llama a que lo seas superando tus miedos, tu indiferencia, tu comodidad... y tanto como nos pueda llegar a impedir ser los testigos del Señor.

Queridos hermanos y hermanas, donde hay caridad allí está Dios. La caridad no es dar limosna de lo que tengo o me sobra, sino que la caridad es un donarme al compartir con el que le falta cuando yo tengo más que suficiente. Cuando necesite de tu compresión, escúchalo; cuando alguien necesite cariño, dale un abrazo; cuando alguien necesite encontrar a Dios, muéstraselo con tu testimonio de vida...

María, la nazarena joven y con unos planes hechos, es abordada por el Señor. Escucha y hace lo que se le dice. Esa es la verdadera oración. Y Ella, creyente orante y siempre a la escucha, es bendita porque el Señor le habló y la reclamó para llevar con Ella un gran proyecto de impensable envergadura, mas lo que para Ella parecía imposible Dios lo hizo posible. Se fió, no se negó, se abandonó en una voluntad que en principio no era la suya, y esperó en Dios aun sin entender el sufrimiento que le supuso el seguimiento de Dios. Por eso, en el Adviento, una mujer es modelo para cristianos y cristianas de todos los tiempos llamados a la santidad. Con Ella el pasar por el desierto se hace más llevadero. Por eso, en el Adviento, esperemos, junto a Ella y como Ella lo hizo, la venida del Señor.

Emilio José Fernández, sacerdote

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