El Testigo del
"Cordero de Dios"
Jesús ha sido bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán en un gesto de humildad, porque el bautismo que Juan administraba era de conversión, para los pecadores. Jesús, como Hijo de Dios, no tiene pecado, es más, es, como así lo denomina el profeta, el Cordero de Dios que viene a liberarnos de todo pecado con su muerte sacrificial en la cruz.
Juan el Bautista nos cuenta en este monólogo recogido por el evangelista Juan, cómo él ha sido un testigo presencial y privilegiado de todo lo acontecido en el momento del bautismo de Jesús, y a él se le ha revelado la identidad verdadera de Jesús, en esa visión en la que ve posarse al Espíritu Santo sobre Cristo. Por eso el bautismo de Jesús es en Espíritu Santo.
Esta escena Juan nunca la olvidará y será una experiencia que le acompañará el resto de su vida. Hay experiencias de fe que son imborrables y que nos marcan, sobre todo aquellas en las que sentimos la actuación de Dios en nuestras vidas a través del Espíritu Santo.
A partir de este momento, Juan el Bautista testimonia lo que ha visto y ha vivido para darlo a conocer y que otros también puedan reconocer en Jesús al Salvador del mundo. Nosotros también hemos sido bautizados en Espíritu Santo y hemos de ser testigos de nuestra fe en el Dios de la misericordia y del amor infinito.
Emilio J., sacerdote
