El Evangelio pretende ser un testimonio de hechos y realidades de Jesús que siguen teniendo vigencia en nuestro mundo e historia actuales.
El evangelista Mateo, con lenguaje simbólico y alegórico, coloca al inicio y en un mismo relato la triple prueba de las tentaciones que Jesús tuvo a lo largo de su vida terrena, englobándolas todas en un mismo momento. Así tenemos tres tentaciones, tres espacios o escenarios distintos donde suceden y tres respuestas tomadas del libro del Deuteronomio.
Jesús se introduce en el desierto después de su bautismo cuando es empujado por el Espíritu Santo, de esta forma participa de la vida humana en todas sus dimensiones y contrariedades sin ningún privilegio.
En el lenguaje bíblico: el desierto es lugar de prueba y lugar de encuentro con Dios; los cuarenta años o días subrayan la importancia de un suceso que marcará la propia historia; y el diablo es la personificación del mal, todo lo contrario al plan de Dios sobre la humanidad, y es el que nos induce a pecar con nuestro apego a las riquezas, la fama y el poder para deshumanizarnos.
Jesús es Hijo de Dios y Mesías, pero no en poder, triunfo y grandeza como el diablo pretende que lo sea. Jesús vence sus tentaciones por su amor y obediencia al Padre. Esta será también la clave para que nosotros superemos nuestras particulares tentaciones.
Emilio J., sacerdote
